miércoles, 21 de junio de 2017

Gana Macri (editorial del 18/6/17 en No estoy solo)

De las disputas al interior del espacio nacional y popular surge un claro ganador: Mauricio Macri. En cuanto a los perdedores, podría decirse que Randazzo es el más damnificado en el corto plazo y que CFK resultaría damnificada en el mediano plazo. A continuación intentaré justificar estas afirmaciones.
La primera es quizás la más evidente: Macri y Cambiemos se van a beneficiar en la medida en que la oposición se fragmente. Asimismo, se beneficiarían, al menos en lo discursivo, con una candidatura de CFK puesto que, como alguna vez dijimos aquí, el oficialismo ha sido muy eficaz en presentarse como promesa de futuro y el FPV sigue demasiado apegado a “lo bueno que alguna vez se hizo”. De hecho, el “vamos a volver” supone una épica del regreso pero hoy no parece resultar suficiente frente a “la mística vacía” de un cambio por el cambio mismo. Confrontar con CFK va a ser presentado, entonces, como una confrontación con el pasado y, en ese sentido, cualquier candidato oficialista será competitivo al estar revestido del “halo de expectativa” sobre lo que no se conoce. Usted me dirá que se conoce muy bien lo que piensa hacer el gobierno y tiene razón. Pero hay un sector de la población que todavía cree que la crisis actual es responsabilidad del gobierno anterior.      
Ahora bien, al inicio indicaba que el más damnificado sería Randazzo. Sin dudas es así y en ese sentido la jugada de CFK ha sido de enorme astucia pues al haberlo dejado solo desincentivará a todos aquellos que pensaban apoyar al ex ministro en el afán de disputar el liderazgo del peronismo. A Randazzo le convenía competir en las PASO contra CFK o contra quien fuese porque aun perdiendo lo posicionaba de cara al futuro como aquel que pretende ser la renovación “desde adentro”. Ahora le quedó el PJ que, en tiempos posmodernos, ya no garantiza un caudal demasiado importante de votos, algo que intentará suplir con algunos intendentes fieles y sectores sindicales que le aporten algo de estructura. Con todo, con Randazzo sucede algo muy curioso: en 2015 el kirchnerismo más duro lo presentaba como el único capaz de garantizar la continuidad. Lo celebraban en Página 12, en 678 y en Carta Abierta, al tiempo que se decía que Scioli era el candidato del establishment. El propio Randazzo era exageradamente duro, incluso públicamente, contra Scioli. Pero ahora se dice que Randazzo es Magnetto aunque al mismo tiempo se llama a la unidad. ¿Qué se dirá si, por más improbable que fuera en este momento, Randazzo acepta ir en una lista de unidad con CFK? Era la misma pregunta que me hacía en 2015 cuando desde el frente interno se atacó ferozmente a Scioli para una semana después pasar a hablar de la “lealtad de Daniel”. Sin intentar defender aquí a Scioli o a Randazzo, el comentario simplemente pretende indicar que las acusaciones de traición y “magnettización”, tan caras al peronismo y al kirchnerismo, deben hacerse con mayor cautela.
En cuanto al FPV, devenido Unidad Ciudadana, en el corto plazo, puede decirse que logró el cometido de evitar la interna aunque sinceramente las razones no parecen del todo convincentes. En otras palabras, si las encuestas eran verdaderas y el triunfo de CFK sobre Randazzo giraría en torno a un 70% a 30% o un 80% a 20%, ¿por qué no competir y garantizarse así que los perdedores acaben “jugando adentro”? De esta manera, CFK hubiera aparecido abierta al aceptar las PASO, frente a quien osaba disputar su lugar, para vencerlo categóricamente y lograr que las internas abiertas del FPV/peronismo fueran las que contaran con mayor caudal de electores.
En todo caso, el argumento de la unidad es atendible pero solo para la elección de octubre, no para las PASO (tal como parece que sucederá en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, donde tres listas dirimirían la interna y luego se unirían para la elección). De hecho, recuérdese que Cambiemos se benefició de las PASO aun cuando el establishment periodístico le imploraba que evitara la interna y que, incluso, pactara con Massa. Por mencionar los casos más importantes, hubo PASO en la ciudad de Buenos Aires entre Rodríguez Larreta y Michetti y eso no impidió que finalmente lograra imponerse el primero en el balotaje; y hubo PASO para las elecciones presidenciales que derivarían en Macri presidente. Es más, Macri no compitió contra una lista sino contra dos: la encabezada por Sanz y la encabezada por Carrió. Pero ganó esas PASO, salió segundo en la primera vuelta frente a Scioli y terminó ganando en el balotaje.  
Por último, se llegó a decir que habría una masiva participación del “voto útil” de buena parte del electorado anticristinista para apoyar a Randazzo y acabar con CFK. Sin embargo, es inverosímil que un 25% del electorado sea capaz de sumarse al 10% que tendría Randazzo para hacerlo vencedor en una hipotética interna. Si eso sucediese sería único en la historia y terminaría favoreciendo también a CFK pues demostraría que, aun perdiendo, sigue siendo la figura central de la política argentina.
Por otra parte, si bien es posible que con la estrategia de armar un frente sin el PJ, la Unidad ciudadana triunfe, lo cierto es que el espacio del ex Frente para la victoria se va desgajando cada vez más. Alguno dirá que se va depurando, lo cual tampoco es estrictamente falso pero la sensación es que desde hace algunos años el espacio que rodea a la presidenta viene siendo incapaz de impulsar referentes alternativos, de modo tal que no todo dependa de ella, y ha ido alejando a dirigentes y sectores del electorado con los cuales se tienen más afinidades que diferencias, máxime frente al adversario político de la actualidad.
Para finalizar, aun cuando en el mejor de los casos, el resultado de esta fragmentación no impida el triunfo de CFK en octubre, es de esperar que el costo se comience a pagar en el futuro, no solo por la cada vez más abultada lista de presuntos “depurados” en la provincia de Buenos Aires, sino porque en 2019 la elección es a nivel nacional y en muchísimas provincias el peronismo y el PJ interpretan que la actual estrategia del FPV es una continuidad de los errores que durante la administración kirchnerista valieron una interna feroz entre los sectores más progresistas y los espacios más cercanos al riñón del peronismo. En otras palabras, hay referentes, militantes y sectores del electorado de todo el país que observan con preocupación lo que para algunos es una salida “frepasística”, al estilo de una socialdemocracia con la cual CFK siempre habría comulgado. Y no hablo de taxidermistas taxidermizados como Julio Bárbaro o Jorge Fernández Díaz, sino de vastos sectores de la sociedad argentina a los que la agenda progre no llega. Y ni que hablar, por cierto, si la estrategia sale mal, esto es, si CFK decide ser candidata y en octubre pierde o gana por una diferencia exigua frente a un candidato ignoto. Allí el riesgo de fin de ciclo será muy grande y, como viene sucediendo últimamente, el kirchnerismo no parece tener un plan B.

    

jueves, 15 de junio de 2017

A propósito del día del periodista (editorial del 11/6/17 en No estoy solo)

El debate sobre el periodismo ha devenido en farsa desde hace ya algunos años y el mejor ejemplo de ello es celebrar el día del periodista (independiente, neutral y objetivo) a partir de la primera edición de La Gazeta de Buenos Ayres, cuyo director era Mariano Moreno. Efectivamente, basta examinar la concepción del periodismo que La Gazeta y el propio Moreno tenían, para mostrar que los periodistas presuntamente independientes celebran su día, curiosamente, reivindicando al más militante de los periodistas (Mariano Moreno) y al más militante de los periódicos, esto es, aquel que en ningún momento ocultó haber sido creado como órgano de propaganda y difusión de las ideas revolucionarias, lo cual implicaba, no solo diatribas, opiniones y operaciones contra los enemigos de turno, sino la justificación de los ajusticiamientos en la etapa más jacobina de la revolución.
El investigador del CONICET, Martín Becerra, por ejemplo, en un artículo publicado en 2010 y titulado “Las noticias van al mercado: etapas de la intermediación de lo público en la historia de los medios de la Argentina”, distingue tres etapas en la historia del periodismo. Una primera considerada “facciosa” que abarcaría desde las vísperas de la revolución de mayo hasta aproximadamente los años 70 del siglo XIX, es decir, hasta la década en que surgieron diarios como La Nación, La Prensa y La Capital, entre otros; una segunda, llamada “profesional”, que va desde el período de la organización del Estado nacional allá por la década del 80 del siglo XIX hasta casi 100 años después, esto es, hasta la irrupción de la etapa multimedial que caracteriza a la tercera etapa denominada “financierizada”. Esta última etapa, que comienza en la década del 70 del siglo pasado, se profundiza gracias a la convergencia tecnológica y a la presencia preponderante del capital extranjero de la mano de la globalización económica. 
Adentrándonos en el momento faccioso, aquel en el que se incluye a La Gazeta y que es el que aquí interesa, podrían mencionarse algunas de las afirmaciones que hiciera Fernando J. Ruiz en su libro Guerras Mediáticas. Allí, el autor afirma: “La estrategia fue gobernar también a través de las noticias. Por eso, una de las primeras medidas de la Primera Junta fue crear un periódico. La Gazeta de Buenos Ayres, dirigida por Mariano Moreno, cumplió las funciones de buscar aliados, amenazar y prevenir a los potenciales enemigos y, por supuesto, legitimar la revolución (…) Mariano Moreno quería tener los más potentes medios de comunicación de su época para evitar que en la etapa posrevolucionaria se difundiera la confusión entre los ciudadanos. Temía que si no dominaban los medios de opinión, el enemigo pudiera disolver la relación del pueblo con su gobierno”. Ruiz menciona, además, que la Primera Junta obligó a los párrocos españoles a que leyeran La Gazeta a sus fieles tras finalizar cada misa y destaca un fragmento de El Plan de Operaciones, atribuido a Mariano Moreno, en el que queda sintetizada la mirada que tiene el gobierno de la época respecto a la función de La Gazeta: “La doctrina del Gobierno debe ser con relación a los papeles públicos muy halagüeña, lisonjera y atractiva, reservando en la parte posible todos aquellos pasos adversos y desastrados, porque aun cuando alguna parte los sepa y comprenda, a lo menos la mayor no los conozca y los ignore, pintando siempre éstos con aquel colorido y disimulo más aparente; y para coadyuvar a este fin debe disponerse que la semana que haya de darse al público alguna noticia adversa, además de las circunstancias dichas, ordenar que el número de Gacetas que hayan de imprimirse, sea muy escaso, de lo que resulta que siendo su número muy corto, podrán extenderse menos”.   
La mirada de Moreno sobre la función de la prensa muestra que la asociación entre periodismo y objetividad, o entre periodismo e información desideologizada, es una invención que se realiza con bastante posterioridad, más específicamente, un mito de origen que se comienza a construir 60 años después de la publicación de La Gazeta en un contexto cultural completamente diferente. Pues en esa época ya aparecía un Estado central en plena configuración y la novedad de un proceso de reformas educativas que comenzaría un vertiginoso camino de alfabetización y, con él, una reestructuración del espacio público y de la opinión pública.      
En palabras del anteriormente citado, Martín Becerra: “El desplazamiento de la política de trinchera a la esfera de lo cultural y moral es el que expresa el nacimiento de un periodismo crecientemente profesionalizado, ejercido por asalariados de una clase media en formación, con residencia en grandes urbes, que incorpora nuevos lenguajes, ideas renovadas, temáticas y secciones diferentes a la prensa para permitir su salto a escala industrial de producción. El periodismo faccioso utilizado como arma de combate por la elite política deja su lugar para una emergente ideología de la objetivación, de la asepsia informativa, que se expandirá como el sentido común de los profesionales de la prensa desde fines del siglo XIX y que contribuye a su masificación”.
Es interesante observar hasta qué punto, la profesionalización a la que refiere Becerra es, entonces, la creadora de su propio mito fundante ya que la defensa facciosa de determinados intereses prosiguió pero revestida del aséptico dato duro. ¿Acaso hay algo más faccioso que el célebre slogan del mitrista La Nación hablando de una “Tribuna de doctrina” o el diario Crítica, el 6/9/1930, día del Golpe de Estado a Yrigoyen, cuando tituló “¡Revolución!”? Y cuando el diario Clarín, el 25/3/1976, decía en su tapa “Total normalidad. Las fuerzas armadas ejercen el gobierno”, ¿estaba haciendo una descripción neutral de los hechos? A estos ejemplos tan burdos se le podría sumar una interminable lista que diariamente y sobre temáticas de las más a las menos relevantes, deja expuesto hasta qué punto las empresas periodísticas militan incansablemente por sus intereses y por su ideología. Tal como lo hiciera Mariano Moreno, quien para hacer periodismo no necesitó ampararse en ninguna mitología de la neutralidad.      



miércoles, 7 de junio de 2017

¡Emprendedores del mundo, desuníos! (editorial del 4/6/17 en No estoy solo)

El portal oficialista INFOBAE indicaba que en el primer día de la EXPO “Empleo Joven 2017”, inaugurada por el mismísimo presidente, habían asistido 175000 jóvenes de entre 18 y 29 años para intentar ocupar alguno de los 10000 puestos de trabajo que ofrecían las principales empresas del país. Como un pretendido atenuante aclaraban que solo el 12% estaba desempleado y que el 70% estaba allí para cambiar de empleo. El gobierno y los organizadores lo presentaron como un éxito más allá de que en redes sociales arreciaban los comentarios de asistentes desilusionados que fueron a buscar trabajo y solo se llevaron folletería de la mano de chicas lindas con descuentos para cursos de capacitación. Incluso el propio diario Clarín informó que quienes se acercaron hasta La Rural tuvieron que hacer seis cuadras de cola para ingresar.
Dejando de lado al que fue allí desempleado, el dato más sorprendente es que si el 70% quiere cambiar de trabajo, eso significa que el 70% de los jóvenes que asistieron están disconformes con sus empleos. Pero además, el hecho de que 175000 personas disputen los 10000 lugares le permite al empleador imponer sus condiciones, pues todos sabemos que la falta de trabajo y la precarización del mismo producen un efecto disciplinador.  
Hasta aquí lo que está más o menos en la superficie. Lo que no sobresale tanto es el hecho de que este episodio se da en el marco de la ideología “emprendedorista” que impulsa este gobierno en particular y la cultura neoliberal en general.
Desde mi punto de vista, el término “emprendedorista” reemplaza al “empresario” porque este último goza de cierta mala prensa, al menos en Argentina. Ser empresario en Argentina es siempre ser un pez gordo y ser, como dirían en el barrio, un garca. Es injusta la generalización pero está instalada en el sentido común. El emprendedorista, en cambio, más allá de que probablemente a la larga, en un sentido, no difiera de un empresario, apunta más a lo “micro”, a aquel que quedó afuera del sistema pero también al profesional que tiene un título y no logra superar los 15000 pesos de sueldo. Emprendedorista es, entonces, desde un periodista freelance, hasta un ingeniero en sistemas que crea una aplicación desde su casa, pasando por un chofer de Uber y quien vende vianda con comidas vegetarianas en Palermo. Más allá de que el emprendimiento puede derivar en puestos de trabajo, la ideología emprendedorista piensa más en términos individualistas tal como se sigue de los ejemplos antes indicados. Y por sobre todo, es el emergente de una sociedad en la que las relaciones de trabajo están cada vez más desreguladas. Te dicen que con tu emprendimiento sos tu propio jefe pero lo que no te dicen es que sos tu propio jefe en una jungla en la que no vas a tener seguridad social, ni aguinaldo, ni vacaciones, ni licencias, ni derecho alguno ni Estado que medie. Salís y entrás del sistema, y no serás empleado sino, en el mejor de los casos, un contratado, esto es, un individuo que circunstancialmente y por un tiempo específico establece una relación con una empresa que no tendrá ninguna obligación para con vos. En este sentido, y este es el punto más interesante, el emprendedor, más que reemplazar al “empresario” viene a reemplazar a los trabajadores para cumplir así el gran ideal del poscapitalismo, esto es, un capitalismo con capital pero sin trabajadores o, al menos, con trabajadores que no asuman que lo son. No hay más asalariados sino individuos-empresa, no hay más sindicatos porque cada uno administra su fuerza de trabajo y no hace falta Estado porque toda intermediación es nociva. Asimismo, el emprendedorista es totalmente responsable de su destino y esto se justifica en términos meritocráticos. Es difícil oponerse a la meritocracia, siempre y cuando ésta sea verdadera, esto es, siempre y cuando todos comencemos la carrera del mérito desde el mismo lugar. Esto es tan viejo como el capitalismo. El punto es que cuando uno ingresa a la carrera, algunos corredores están muy adelantados y una gran mayoría se encuentran enormemente rezagados. Eso significa que no todos corren en pie de igualdad y es allí donde los Estados de Bienestar intervienen de modo tal que los competidores se emparejen un poco al menos.

Frente a esto, los que corren con ventaja han pretendido instalar en los rezagados que el lugar que ocupan es el lugar que les corresponde en base a su mérito y que ni las políticas públicas, ni el capitalismo ni la explotación de los empleadores son culpables de este escenario. Si hace dos años estaban bien, los rezagados te decían que era porque se rompían el culo trabajando. Hoy se siguen rompiendo el culo trabajando y sin embargo están peor pero lo explican autoculpándose por haber participado de una presunta fiesta del despilfarro, una fiesta de consumo a la que no se podía ingresar. Esa culpa que recae sobre el sí mismo cierra el círculo perfecto de la ideología emprendedorista y es una de las razones por la que quienes están viviendo peor que antes, todavía apoyan al actual gobierno.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mover la reina (editorial del 28/5/17 en No estoy solo)

La entrevista que Cristina Fernández de Kirchner brindara a C5N parece haber acelerado los tiempos electorales del espacio nacional y popular y también de sus competidores.
En cuanto al análisis y a los diagnósticos no hubo grandes novedades pero, naturalmente, lo que todos esperábamos era la definición en torno a su candidatura. Y por primera vez la ex presidente pareció inclinar la balanza más hacia el sí que hacia el no, afirmando que en política nadie hace lo que quiere, que existen responsabilidades históricas y que si la persona indicada para obtener la mayor cantidad de votos frente al adversario era ella, eventualmente, podría ser la candidata. Dado que hoy en día ni aun los más acérrimos antikirchneristas se atreven a afirmar que hubiera alguien dentro del espacio capaz de obtener más votos que ella, se seguiría que existen altas probabilidades de que finalmente CFK encabece la lista de senadores. Seguramente esto recién se sabrá la noche del cierre de las listas, más allá de que algunos, por vender humo o por ansiedad, suponían que podría aprovechar la entrevista para anunciarlo. Pero haberlo hecho hubiera sido una señal de debilidad, pues ¿cuál sería el apuro? En otras palabras, la única razón por la que CFK podría elegir salir a anunciar su candidatura con tanta anticipación sería la intuición política de una ruptura o de un adversario interno capaz de disputarle el lugar. Con todo, lo cierto es que sin mostrar todas sus cartas, dejando abierta la puerta de su candidatura, empezó a organizar la tropa. Así, en términos ajedrecísticos, el FPV hizo una movida arriesgada pues movió la reina y, en todo caso, la pelota quedó ahora del lado de Randazzo, quien sabe que enfrentar en una interna a Scioli o Magario no es lo mismo que enfrentar a CFK. Sin embargo, el escenario está abierto por varias razones: en primer lugar, no hay nada que garantice que CFK sea finalmente la candidata y desde el randazzismo sospechan que puede tratarse de un gesto para alinear a los intendentes, digitar la lista y luego poner “su” candidato, mientras todos suponen que la candidata va a ser ella. En segundo lugar, comenzó a circular el rumor de la posibilidad de un acuerdo por el cual Randazzo encabezaría la lista de diputados. Sinceramente, no creo que el kirchnerismo duro sea tan generoso con el exministro, y, por otro lado, cabe pensar si Randazzo aceptaría esa generosa propuesta. ¿Por qué no habría de aceptarla? Porque incluso encabezando la lista de diputados, el exministro quedaría bajo el paraguas de Cristina encabezando la lista de senadores, algo que no sucedería si decidiera enfrentarla en una interna aun sabiéndose perdidoso. En este sentido, salvo que la derrota sea catastrófica, Randazzo podría especular con jugar a perder dignamente y aparecer como la figura que viene a disputarle a CFK la hegemonía del peronismo post 2017, máxime tomando en cuenta que, ante la ausencia de internas en las otras fuerzas, Randazzo podría verse beneficiado por el fenómeno novedoso de una gran cantidad de “voto útil” no peronista que salga a apoyarlo a él por el simple hecho de ser contrincante de CFK. Asimismo, si Randazzo decide enfrentar en una interna a CFK, debería aclarar una trampa discursiva que el kirchnerismo más duro ha instalado, esto es, la idea de que la unidad supone ausencia de competencia en las PASO. Así, el randazzismo probablemente trate de explicar que unidad no implica lista única y tiene como argumento el espíritu mismo de las PASO, esto es, las internas abiertas. O sea, si la existencia de competencia interna eliminara la noción de unidad, no tendría sentido hablar de “internas”. No me voy a poner muy filosófico pero si son “internas” quiere decir que son “al interior de algo más grande” que es una unidad que supera las facciones que disputan. En todo caso, lo que mina la unidad no es la interna sino cómo se juegan las internas en el peronismo, tal como se pudo observar en la elección de la provincia de Buenos Aires en 2015.   
Pero el hecho de que CFK sea candidata condiciona también la posición de Massa pues en caso de que ella decida “no jugar”, Massa tendría la chance de permanecer intacto hasta 2019 más allá de que los soldados parecen írsele cayendo y su acuerdo con Margarita Stolbizer, cuya principal construcción territorial se da en los estudios de TV, ha dinamitado cualquier posibilidad de diálogo con el peronismo que no es parte del Frente Renovador.
En cuanto al gobierno, en la provincia de Buenos Aires suenan los nombres de Esteban Bullrich y Facundo Manes. Un ministro y un neurocientífico mediático sin experiencia electoral. Como estrategia es interesante porque, como alguna vez indicamos aquí, el gobierno necesita seguir posicionado como “novedad” a pesar de ser oficialismo, lo cual es un verdadero desafío, y al no tener un candidato fuerte, lo mejor que puede hacer es apostar al candidato desconocido, a aquel que no tiene techo y que probablemente pierda frente a pesos pesados como Massa o CFK. Con todo, el oficialismo sabe que tiene un piso de 20% con cualquier candidato y las fotos con Vidal y Macri ayudarán a levantar algunos puntitos más. Pero lo más importante es que la estrategia del candidato desconocido deja la responsabilidad del otro lado. Lo digo de otra manera: imaginemos a CFK ganando la elección por 5% a Bullrich, por ejemplo, 35% a 30%. Naturalmente la lectura será que el oficialismo, sin candidato, prácticamente igualó la mejor oferta de la oposición y que CFK perdió 20% en 6 años, más allá de que comparar una elección presidencial con una legislativa es comparar peras con manzanas.
Es probable que si CFK es candidata, gane la elección. Sin embargo el riesgo es grande pues en caso de perder, sea ante Massa, sea ante el oficialismo, el golpe al kirchnerismo puede ser prácticamente de jaque mate y fin de época. Asimismo, más allá del resultado, naturalmente la campaña se polarizará y mientras el kirchnerismo intentará plantearla, en términos políticos, como una disputa de modelos, el oficialismo intentará presentarla como disputa de temporalidades, esto es, lo viejo contra lo nuevo. En el medio quedará Massa en esa incógnita que es la avenida del medio, pero Massa arriesga mucho también pues en caso de ser candidato y perder, sus posibilidades de ser presidente en 2019 disminuirían hacia un número cercano a cero.
Es curioso, pero sin candidatos fuertes y con 18 meses de una pésima gestión, en una elección que será crucial para los argentinos y donde se juega si el ajuste que vendrá tendrá o no la legitimidad de las urnas, quienes más ponen en juego son, paradójicamente, los espacios de la oposición.       


  

miércoles, 24 de mayo de 2017

Neoliberalismo: tudo legal (editorial del 21/5/17 en No estoy solo)

Dejando de lado la poética circunstancia por la cual el líder que lleva adelante un conjunto de políticas públicas que meten miedo lleva como apellido “Temer”, la crisis política sin fin por la que atraviesa Brasil tiene condimentos interesantes a tal punto que,  antes que referirme a los hechos por todos conocidos, preferiría aprovechar el espacio para algunas reflexiones que además pueden ser útiles para observar qué aspectos de lo que sucede en Brasil son comparables con lo que sucede en la Argentina.
Si tomamos el manual doñarosístico de Intratables, lo que sucede en Brasil es una demostración obscena de la corrupción de la política. A simple vista no habría razones para oponerse a ese diagnóstico pero el pensamiento siempre pretende ir un poco más allá de lo que se observa a simple vista. Así, notaremos que “la clase política” no es “la política” más allá de que todo el tiempo pretenda confundirse una con otra. Porque el hecho de que circunstancialmente existan en Brasil, o en cualquier lugar del mundo, dirigentes políticos corruptos, no significa que “la política” sea esencialmente corrupta. En todo caso, el ejemplo brasileño es bueno para mostrar la connivencia entre políticos corruptos y empresarios corruptos; o entre políticos corruptos y periodistas corruptos que montaron una campaña destituyente contra el gobierno del PT y cuando tienen que poner la cara por el gobierno ilegítimo al que ayudaron a instalar, miran al costado para decir “¡qué barbaridad estos políticos!”. También el caso brasileño es interesante para discutir el financiamiento de la política, discusión que suele eludirse porque es muy incómoda incluso para los propios periodistas en tanto buena parte del dinero que circula en negro en torno a las campañas va dirigido a los periodistas que “subalquilan” sus espacios para solapadamente favorecer al candidato que más dinero acerca. Pero además, para afrontar tal discusión, habría que ser menos hipócritas y denunciar también las consecuencias del pensamiento oenegista de la transparencia que casualmente considera que el problema siempre es el Estado. En otras palabras, generar los mecanismos institucionales para blanquear cómo se financia la política de modo tal que ésta no quede a merced de los aportes en negro de sectores empresariales que apuestan a quienes puedan representar sus intereses, es un tema que debe encararse sin los vicios de las ONG que piden transparencia siempre, salvo cuando se trata de transparentar su propio financiamiento.
 En lo que respecta a los paralelismos entre el gobierno de Temer y el de Macri, cabe decir que los hay aunque con un claro límite: el de Macri es un gobierno con legitimidad de origen. El de Temer no. Eso deja de manifiesto que el plan continental para acabar con la larga década populista vino, en el mejor de los casos, por la vía electoral y, en el peor de los casos, por la vía destituyente del poder judicial. En este sentido, no olvidemos que en las elecciones en Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador y en el referéndum en Bolivia, los resultados fueron prácticamente de empate, un voto más para un lado o un voto más para el otro. Es decir que el dispositivo antipopular del continente logró buenos resultados más allá de que en el único país donde logró ganar en las urnas fue en Argentina (además, claro, del referéndum en Bolivia). Pero en lo que respecta a sus políticas, de signo neoliberal, el programa no supone grandes diferencias y en las similitudes no me estoy refiriendo a la aparición vergonzosa de casos de corrupción en una y otra administración. En otras palabras, los casos de corrupción afloran día a día en la gestión de Temer y Macri pero no es eso lo que debería importarnos. 
De hecho, una trampa del pensamiento de la corrección política es atacar al neoliberalismo por su corrupción y no por su neoliberalismo. ¿Lo digo de otra manera? A Temer critiquémoslo por su plan de gobierno, aquel que, por ejemplo, avanza en una reforma del sistema jubilatorio. Si lo criticamos por otras razones, repetiremos lo que los heraldos de la corrección política hacían en los 90: criticaban la corrupción de las privatizaciones en vez de criticar las propias privatizaciones. Por si no queda claro: el saqueo fueron las privatizaciones y no las formas corruptas con las que éstas se llevaron a cabo. Porque a diferencia de los gobiernos populares, cuyo costado más oscuro se da en los eventuales casos de corrupción, es decir, en aquello que se hace por “izquierda”, de manera ilegal, en los gobiernos neoliberales, lo criticable no está tanto en sus casos de corrupción, esto es, en lo que hacen ilegalmente, sino en lo que hacen legalmente. Esto significa que hay que poner atención en las modificaciones estructurales e institucionales que estos gobiernos realizan mucho más que en los eventuales afanos. Porque los afanos son ínfimos al lado del padecimiento que generan las acciones y las políticas públicas que se hacen con todo el apoyo y fundamento de la ley. Esa es la clave: el neoliberalismo tiene una justificación legal para su saqueo. No necesita hacerlo ilegalmente, más allá de que tampoco se priva de esa oportunidad. Por eso la destrucción del Estado no se hace ilegalmente sino de manera estrictamente legal e, incluso, en algunos casos, hasta con apoyo popular. En este sentido, la gran perversión es que el neoliberalismo es, esencialmente, “tudo legal”.